Revista ONGCIDADE
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Notas

DEL PROYECTO AL PROCESO:
LA EXPERIENCIA DE FAVBC


Ernesto Morales y Isaac Comas

 

BREVE INTRODUCCIÓN A LA ORGANIZACIÓN

La FAVIBC (Federación de Asociaciones de Vecinos de Vivienda Social de Catalunya) es una organización de segundo nivel que agrupa a 145 asociaciones de vecinos de barrios de vivienda social del ámbito autonómico catalán.

Sus orígenes se remontan a finales de los años sesenta, a partir de un movimiento reivindicativo dirigido a la mejora de la calidad de vida de los barrios construidos por el régimen franquista, agrupándose en un principio como la “ Coordinadora de Barrios de la Obra Sindical del Hogar”. Dichos barrios , también los llamados del barraquismo vertical, fueron construidos sin ninguna planificación urbanística, sin equipamientos públicos, sin escuelas, sin centros sanitarios, sin transporte público, desde la óptica del control social, aislados y excluidos a las afueras de las ciudades. El objetivo prioritario de la organización fue conseguir la remodelación y dignificación de los mismos.

Después de años de reivindicación y lucha, muchos de estos objetivos son alcanzados, y  FAVIBC decide de forma clara ir mas allá, planteándose incidir sobre las políticas públicas, desarrollando proyectos sociales en los territorios, iniciando procesos y creando mecanismos de participación que permitan transformar la realidad social de los barrios. En esta última línea sería en la que enmarcaríamos los Planes de Desarrollo Comunitario.

Los Planes de Desarrollo Comunitario, en un principio Planes de Dinamización, son promovidos por FAVIBC desde el año 1997, obteniendo cofinanciación para el desarrollo de los mismos por parte del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, el Departament de Benestar Social de la Generalitat de Catalunya (actual Departament de Benestar i Família), y de diferentes administraciones locales.

LOS PLANES COMUNITARIOS DE FAVIBC

Para comprender el momento actual en que se encuentran los diferentes procesos de desarrollo comunitario que esta llevando a cabo FAVIBC, es necesario, de manera inevitable partir de 2 ideas básicas sin las cuales nos será difícil entender cual es el papel actual que juegan  los diferentes protagonistas, y cual es el papel de FAVIBC ante estos.

Dichos elementos, los principales, son :

1. Los Planes de Desarrollo Comunitario como apuesta  ideológica de organización de segundo nivel, para el fomento y crecimiento de las organizaciones sociales de base, así como para incidir de forma positiva sobre la realidad social de los barrios

2. Su puesta en marcha, su historia y el modo en que son iniciados los procesos

1/. El núcleo ejecutivo de FAVIBC, parte del análisis de la realidad actual, de las nuevas dinámicas que se han generado en el movimiento asociativo, y plantea los Planes de desarrollo comunitario como posible apuesta para vertebrar el tejido social y hacer frente a las nuevas problemáticas sociales. De la clandestinidad a la legalidad, de la barricada y la movilización a la negociación con las administraciones públicas, de la cultura de la queja a la construcción de la propuesta y la corresponsabilidad. Con la llegada de las instituciones democráticas fueron realizadas muchas inversiones públicas en los barrios, se crearon escuelas, se reparan viviendas, aparecerían los servicios sociales, etc. con todo y eso muchas problemáticas sociales continúan persistiendo. El análisis o reflexión comentado anteriormente contempla que hay problemáticas que solamente seremos capaces de resolver si implicamos de forma directa a los propios afectados, a los vecinos y vecinas de nuestros barrios, a las asociaciones en que se organizan,  ya que son problemáticas que trascienden de lo individual o familiar, que se dan en determinados territorios, y que afectan a la colectividad, siendo entonces necesaria una intervención que permita la participación y cambio de valores de esa colectividad, de esos barrios y territorios en definitiva. Ese tipo de intervención será la que nos puede venir facilitada por los Planes de Desarrollo Comunitario. Por lo tanto, el planteamiento se invierte en lo concebido por muchas políticas sociales, se da prioridad al territorio, al barrio, a la base, para que ellos sean el propio motor de su cambio partiendo de lo concreto de su realidad, de sus potencialidades y de sus dificultades.

Ya en sus inicios, este planteamiento la podemos definir como una iniciativa a contracorriente de lo establecido, incluso amenazante para algunas asociaciones vecinos y entidades, las cuales habían crecido y se habían fortalecido en la cultura de la competitividad y el protagonismo, sin visión de globalidad, sin intención de colaboración con otras organizaciones, pensando mas en los intereses particulares que en los colectivos,  dinámica en muchos casos potenciada por las propias administraciones públicas. La fuerza esta en la diversidad de visiones y en la capacidad de relacionarnos para articular nuevas propuestas, el mejorar y fortalecer el barrio desde la participación  también ha de mejorar y fortalecer las organizaciones de este. Ese bagaje, experiencia y crecimiento,  no solamente se dará en los individuos, sino también en las propias organizaciones de base, y como no en las propias asociaciones de vecinos. Y en un futuro, porqué no, si esto es así también podría revertir en la propia Federación, al estar configurada por esas asociaciones de vecinos, mas plurales y acordes con los nuevos tiempos. Cabe destacar que esta apuesta como organización, necesitará de la sensibilización y trabajo diario de los referentes políticos de la organización para dar a conocer y  socializar esta iniciativa en los territorios hasta que las propias asociaciones de vecinos fueran capaces de asumir este papel, cosa que todavía hoy no se ha conseguido de manera uniforme, teniendo FAVIBC todavía un papel bastante activo.

En los inicios de los Planes Comunitarios la presencia de los dirigentes de FAVIBC para el trabajo con las asociaciones de vecinos en los territorios se definió como clave. Manuel Moreno en los inicios, Julio Regalado actualmente; y de manera continuada y permanente desde hace siete años, Josep Rueda, este último como responsable de los Planes Comunitarios, han sido una pieza fundamental en el difundir y asumir por parte de las propias entidades y asociaciones de vecinos esta nueva forma de trabajar. El contar con referentes como el responsable de los Planes Comunitarios, miembros del movimiento asociativo, presidentes de asociaciones de vecinos, voluntarios al igual que las entidades y asociaciones de vecinos con las que trabajamos, que participan y que han vivido procesos de desarrollo comunitario en sus propios barrios, con sus propios vecinos, sin duda alguna han fomentado una relación de confianza hacia la metodología y apuesta de la organización, que realmente nunca sabremos si hubiera sido posible desde un planteamiento únicamente técnico sin la existencia de esos referentes vecinales.

Es importante clarificar que la propuesta de los Planes Comunitarios siempre era recibida como buena en los territorios. Aquí,  la labor del equipo y de la dirección de FAVIBC era contextualizarla en los mismos, con las entidades y asociaciones, intentando concretarla en la puesta en marcha de un proceso para la mejora de la calidad de vida del barrio, evitando caer en interpretaciones simplistas como había podido ocurrir en algunas ocasiones, “ Plan Comunitario igual a dinero”, “Dinero igual a mayor control y poder hacia el resto de entidades del barrio”... hechos que en alguna ocasión se dieron y hubo que corregir.

2/. La puesta en marcha, en los inicios, intentará compatibilizar la concepción impulsada por FAVIBC con las características y realidades de los territorios. Esto sin lugar a dudas, generará una serie de contradicciones, las cuales hoy nos han hecho acumular, según nuestra opinión, una amplia experiencia practica  como organización en cuanto al impulso de procesos comunitarios. Hoy tenemos bastante mas claro, qué elementos y pasos pueden ser facilitadores o entorpecedores del proceso, asumiendo y reconociendo que todavía nos quedan experiencias a mejorar y corregir, las cuales nos suponen un reto que esperemos nos permitirá  crecer y avanzar en planteamientos y metodologías, tal y como ha sucedido a lo largo de estos años.

En lo concreto, sería importante remontarse a los inicios para poder tener perspectiva de la evolución.

En un primer momento, año 1998, el modo de iniciar el proceso en el barrio, mas o menos linealmente, era así: FAVIBC con apoyo institucional, convocaba una reunión en el barrio, después del interés mostrado por la A.VV. y otras entidades. La asociación de vecinos, al ser nuestro interlocutor, seria quien debería convocar al resto de entidades y asociaciones. Después de exponerse de forma muy genérica, sobretodo haciéndose especial énfasis en los valores y la filosofía que planteaban los Planes Comunitarios, tales como participación, corresponsabilidad, etc. se planteaba la oportunidad de analizar entre las entidades y asociaciones cuales eran las problemáticas y realidad del barrio. A partir de aquí, se buscaría un consenso y una propuesta de acciones y proyectos para hacer frente a posibles problemáticas, existiendo la posibilidad de poder conseguir financiación para las mismas.

En este momento fue cuando aprendimos por experiencia propia algo sobre lo que ya muchos habían teorizado, la participación no se improvisa se planifica. FAVIBC, confiando en la capacidad organizativa de la gente, en sus entidades y asociaciones, en la capacidad para la reflexión, para el consenso de propuestas, para la implicación de nuevas personas, dejo en manos de ellas mismas el como llevarlo a cabo, es decir, el método y la manera de hacer ese análisis, de construir esas propuestas y de llegar a ese consenso. En menos de un año de experiencia sabíamos que esto no era posible en la mayor parte de los casos,  y que era imprescindible el seguir una metodología, mas allá de los principios y valores que todos compartíamos, además de plantearse la necesidad de que existieran personas formadas y remuneradas para que este tipo de procesos no se detuvieran y se llevaran a cabo de forma correcta, respetando todos esos principios y valores que todos compartíamos.

Por lo tanto, en los inicios, como paso metodológico inicial, no existía diagnóstico comunitario, aunque sí, en el mejor de los casos, temas y/o problemas detectados que podían facilitar el consenso entre la población para comenzar a trabajar de manera conjunta. En un principio, los equipos eran una propuesta que les hacíamos a los nuevos barrios, y que como en el resto debían financiar del presupuesto existente para el impulso del Plan Comunitario en su barrio. Mas adelante sería un criterio indispensable planteado por FAVIBC para iniciar cualquier Plan Comunitario. Esto supuso también un importante salto para el movimiento asociativo, el ser capaces de asumir la existencia de profesionales remunerados para el fomento de la participación, y para facilitar que estos procesos se pudieran dar, dejando a un lado la concepción del activismo asociativo y el voluntariado característico de las asociaciones de vecinos.

Actualmente la existencia de equipo dependiente directamente de FAVIBC como impulsora de los Planes Comunitarios en diferentes barrios de vivienda social de Cataluña, como ya se explicará mas adelante. El papel del equipo en un principio fue el de fomentar esa participación, y contribuir a generar una nueva dinámica de trabajo conjunto entre las asociaciones del barrio. Como planteamiento básico, sobretodo para generar confianza hacia esa nueva figura que es el equipo comunitario, siempre se planearon formulas participativas para implicar a las propias asociaciones y entidades en la selección del mismo, para definir posibles habilidades necesarias dependiendo del territorio, etc.

El generar dinámicas de trabajo que faciliten el proceso no es lo único que hace que este se dé, y esto lo sabemos hoy. Sin duda alguna es necesario trabajar con perspectivas de proceso, y en un principio esto no era así. La introducción de la figura del equipo permitió llevar a cabo proyectos que en mayor o menor medida hacían frente a las necesidades detectadas por las propias entidades pero todavía no podíamos hablar de proceso en el sentido de aparición de conciencia colectiva, y de capacidad organizativa por parte de la población. En gran parte de los casos podíamos constatar un mayor grado de dinamización de los barrios, de elaboración y desarrollo de proyectos, pero no de los elementos comentados anteriormente. Se estaban impulsando actividades o proyectos con fines sociales, pero lo mas difícil era conseguir pasar de los proyectos individuales por entidades a la definición de acciones y proyectos colectivos con planteamientos realmente transformadores en los territorios.

Aquí la apuesta de FAVIBC, en cuanto al papel de los equipos adquiere una nueva dimensión, y reflexión, ¿los técnicos han de trabajar para ayudar a hacer proyectos o su papel va mucho mas allá? Y esta claro que el papel de los equipos es otro del que se planteaba en los comienzos,  pasa por fomentar la capacidad organizativa y la autonomía de los propios vecinos y sus asociaciones para hacer frente a la realidad, en definitiva su papel, también ha de contribuir a la construcción de lo POLITICO (Importante no confundir con el fomento del partidismo político), organizarse, analizar la realidad, hacer propuestas e incidir en lo público, y esto sin duda alguna  también es una forma de hacer política.  El técnico con su trabajo, puede fomentar la capacidad organizativa de la población, su autonomía y su capacidad de respuesta y propuesta, o bien, puede fomentar el consumo de actividades, la dependencia hacia las administraciones públicas, y la perdida de visión global de la realidad y de sus posibles respuestas colectivas, de aquí la apuesta de FAVIBC por contribuir a su formación como agente transmisor permanente de estos valores y metodología. FAVIBC apuesta por el crecimiento de los equipos como elemento clave para el crecimiento de los procesos, apuesta por su formación enmarcada dentro de la concepción ideológica que supone este tipo de trabajo, y sobre todo contempla el respaldo de la intervención en este marco, también con la presencia de FAVIBC organización en el territorio para resolver y trabajar junto al equipo y la población.

El papel del equipo es complejo en muchas ocasiones y de gran responsabilidad, partiendo de la base que planteamos dinámicas y metodologías difíciles de comprender. Han habido  años y años en que las asociaciones de los barrios han competido entre ellas mas que colaborado, en que las administraciones han controlado o subsidiado, y en que los servicios públicos han trabajado puertas hacia dentro para la población y no con la población.  Sin duda alguna el impulsar procesos de estas características, es hablar de trabajar a contracorriente de las dinámicas existentes, y eso supone también la necesidad de un respaldo político por parte FAVIBC-organización a los equipos que trabajan en los barrios, para contribuir al cambio de relación con las administraciones y los recursos públicos, y sobretodo para difundir y hacer entender estas metodologías a la población y a las propias asociaciones de vecinos, no con planteamientos de adoctrinar, sino de conseguir crecer conjuntamente a partir de un proceso dialéctico entre iguales y mostrando la experiencia que hemos adquirido en otros territorios. Esta experiencia   nos dice que los Planes Comunitarios son una buena apuesta para alcanzar los objetivos y  los fines por los que se crearon las asociaciones de vecinos en sus inicios posibilitando la capacidad actual de adaptarse a la nuevos y constantes cambios de nuestra sociedad.

Tras esta introducción, donde hemos pretendido situar a la FAVIBC y en especial el momento en que nos encontramos. Nos gustaría exponer a continuación, cuales son las pautas que marcan nuestra labor para llevar a cabo dichos planes. Las directrices se rigen en dos ámbitos superpuertos y totalmente correlacionados, pero diferenciados para vislumbrar de manera clara y operativa la líneas de actuación.

1. La metodología marco de nuestro trabajo

2. La formación del equipo comunitario

Ambos ámbitos, permiten ver y observar en que momento y en que situación se haya el barrio o territorio en cuestión. De esta manera nos pauta su evaluación y en consecuencia su respectiva programación y línea de trabajo

Para asumir esta apuesta, desde FAVIBC hemos creado un equipo de personas con unas funciones de apoyo, acompañamiento y seguimiento que nos permite establecer unas pautas de calidad y rigurosidad a nuestro trabajo. Este equipo está formado por un representante de la junta de la Federación (FAVIBC), como representante de la organización, un experto en Planes Comunitarios, como asesor externo al proceso, y tres técnicos comunitarios, como refuerzo y seguimiento regular del desarrollo de los planes.

LA METODOLOGÍA MARCO

La metodología utilizada es resultado de un proceso largo de maduración y en especial de posicionamiento ante el fomento de la participación, conciencia colectiva y la corresponsabilidad por transformar la realidad. En esta línea, remarcamos la idea de que estos procesos no se improvisan si no que hay que planificarlos y sobretodo hay que consensuarlos.

Ante esta premisa, explicar nuestra apuesta metodológica es explicar un proceso de construcción y de reconduccion de los planteamientos iniciales. Dicho de otra manera, de un planteamiento inicial de los Planes como fuente de recursos para potenciar las asociaciones, realizar actividades y su vez mejorar el barrio, a un planteamiento de toma de conciencia social para transformar el territorio de manera global, integral, transversal; en definitiva, de manera comunitaria.

Otro elemento que también ha condicionado el devenir metodológico en algunos barrios, es el acuerdo entre las diferentes administraciones (estatal, autonómica y local) y FAVIBC. En función de este acuerdo se ha establecido cual era el papel de cada una de estas tres instituciones en el funcionamiento del Plan. En el caso de la FAVIBC, en algunos barrios hemos tenido un papel de mero facilitador de los recursos económicos, en otros de facilitador y de seguimiento, y en la mayoría, lo anterior más un papel asesor en marcar las pautas del proceso. Es respecto a estos últimos donde centraremos nuestra exposición.

Brevemente en el apartado anterior ya hemos expuesto como planteamos en el barrio la posibilidad de llevar a cabo un Plan Comunitario. Así, con el acuerdo previo de la Asociación de Vecinos, convocamos a todas las entidades que forman parte de ese territorio. De esta forma se configura la comisión operativa (o mesa de entidades, o asamblea del plan,... según el barrio), en algunas de estas comisiones, a partir de un acuerdo mutuo entre la administración local correspondiente y la administración autonómica, también participan técnicos de dichas administraciones.

Cuando se plantea la posibilidad de realizar un Plan de Dinamización Comunitario en el territorio, representa también unos recursos económicos que permitan llevar a cabo proyectos y actividades que dinamicen el barrio atendiendo a criterios de repercusión a todos y todas las vecinas del barrio. Su finalidad es la de mejorar las condiciones de vida  de dicho territorio. Para ello se les pide que aquellos proyectos y actividades a llevar a cabo salgan del consenso de todos y sirva para establecer o mejorar la colaboración y el trabajo conjunto. Otra aspecto propuesto es el de dedicar parte de ese presupuesto a recursos humanos, que dinamicen el proceso.

En una fase inicial, no en todos los barrios se interpretó de igual manera esta propuesta. Fueron diversas las fórmulas en la que los barrios centraron sus esfuerzos. Para ello vamos a agruparlos en dos grupos:

1. Algunos barrios donde se repartió el presupuesto entre proyectos (no entidades) presentados por las entidades que seguían unos criterios poco consensuados por todos. Este modelo permitía en algunos casos dar respuesta real a necesidades o demandas del barrio. Pero aún así, la discusión de los criterios no era lo suficientemente rigurosa y esto conllevaba a determinados conflictos entre entidades e incluso técnicos municipales para poder realizar sus propias actividades o objetivos, aludiendo a la importancia de su actividad en el barrio – como ejemplo el de algunos clubes de fútbol que justificando su actividad en que los chavales no están en la calle, consiguen el dinero para mejorar sus infraestructuras o renovar su material. O por otro lado, el conseguir los recursos para realizar una actividad  con un grupo de adolescentes que el educador de calle no sabe que hacer con ellos. Con esto no queremos desde aquí quitar la valía de estas actividades y la función de estas entidades, simplemente transmitir el hecho de dar respuesta a una necesidad desde una perspectiva global y comunitaria o darla desde una perspectiva particular sin visión de conjunto, para “solucionar mi problema” -. No definir, ni consensuar unos criterios claros, comunes y compartidos comportaba unas lagunas difíciles de resolver. Es decir, si esos criterios no  están claros, ¿sobre que legitimidad  se decide si éste o aquel proyecto es mejor o más válido que los otros para el barrio?. Esta indefinición, provocaba que los criterios fueran particulares y pocas veces comunes.

2. Los barrios donde el debate se daba sobre la situación del barrio y sus necesidades y en consecuencia los proyectos surgían de la voluntad de dar respuesta a estas demandas consensuadas, a partir de un análisis más global. En estos casos estos proyectos suelen ser nuevos, es decir que no se realizaban en el barrio (aulas de refuerzo escolar, acompañamiento y ayuda a la gente mayor,...) o son actividades que ya las realiza alguna entidad, que se valora como necesaria potenciarla o incluso reforzarla con la colaboración de otras entidades del barrio.

Esta división nos pauta en que momento metodológico se encontraba el barrio y en consecuencia cuales eran las futuras líneas de actuación. Resulta fundamental remarcar la idea que esta exposición está basada en trazos muy genéricos que, de esta manera facilita la comprensión del contexto de los Planes Comunitarios de FAVIBC. Evidentemente la situación de cada barrio en su especificidad, no tiene por que responder exactamente a alguno de los dos grupos.

Pocos fueron los barrios que ,en un primer momento, se enmarcaban en el segundo grupo. Son muchos los años que desde nuestra sociedad se fomenta una competitividad demasiado individualista y poco solidaria. Este hecho también se da en el mundo asociativo. A menudo, existe una cultura de competencia entre entidades y sobretodo de a ver quien es el que mejor hace las cosas para el barrio. Sin duda alguna, las políticas de subvenciones no han ayudado absolutamente nada al respecto, con lo que, a la ya consabida consecuencia del clientelismo, cabe sumarle la del egoísmo y la visión reduccionista de las entidades en sí mismas. En definitiva y por norma general no existe un espíritu de trabajo conjunto, colaboración y sobretodo de visión global del barrio (con sus puntos fuertes y sus puntos débiles). Cambiar esta conducta ha sido y es uno de los grandes retos del proceso.

Para reconducir esta situación (de aquellos enmarcados en el primer grupo) planteamos una serie de condiciones que, de manera directa o indirecta, afectaba a la metodología a utilizar.

1. En aquellos barrios donde no hay técnico comunitario, establecemos como indispensable para la puesta en marcha del Plan la contratación del técnico. (1)

2. La comisión operativa se define como un espacio abierto a todo aquel que quiera participar, independientemente que sea una entidad o un vecino individual.

3. El siguiente paso es  la necesidad de abrir un proceso de reflexión para establecer una visión consensuada del territorio. Es una visión de las percepciones que la población tiene del barrio. Esta visión ha de ser común y compartida por todos. Esta visión servirá para establecer criterios que pautaran las propuestas de proyectos y actividades. Con lo que aseguramos que estos den respuesta a necesidades reales del barrio.

Llegados a este punto, nos gustaría hacer un paréntesis. Para oídos expertos o conocedores de las metodologías participativas y comunitarias, verán en el párrafo anterior un planteamiento de diagnóstico comunitario. Bien, es importante aclarar que respecto a este tema no en todos los barrios existe un diagnóstico. En los que no lo hay, si las condiciones lo permiten (acuerdos y voluntades políticas, recursos disponibles, etc...) planteamos la necesidad de trabajar en el diagnóstico comunitario, en toda su complejidad y rigurosidad científica (esto es la parte cuantitativa, las percepciones, todos sus protagonistas, población, políticos, técnicos,...).

Donde las condiciones no son las óptimas para llevarlo a cabo, es donde planteamos la necesidad de llevar a cabo un proceso de recogida de visiones y percepciones de la población. Este proceso cumple una doble función. Por un lado el de un pre-diagnóstico que cumple con una primera pauta consensuada y común, pero por otro posibilita al técnico el conocimiento del territorio y su vida interior y establecer relaciones. Esto permite, detectar cuales son los conflictos que existen en el barrio y en especial aquellos que comportan unas características histórico personales, entre entidades, temas conflictivos, etc.

Para nosotros este punto es fundamental, ya que el desconocimiento de alguno de ellos puede representar la imposibilidad de avanzar en el proceso, y convertirse en autenticas barreras para la continuidad  del plan- por ejemplo un detalle tan simple como el siguiente no permitió trabajar desde las entidades proyectos para jóvenes; años atrás, antes del inicio del Plan Comunitario, algunas entidades creyeron necesario hacer algo con unos adolescentes que se reunían en un banco en la plaza del barrio. Decidieron crear una comisión que encontrara y pensara posibles  soluciones. Por diversos motivos, aquellas entidades que formaban parte de la comisión acabaron enfrentadas y con algunas acusaciones entre ellas. Ya con el Plan en funcionamiento, el  técnico desconociendo esos hechos, propuso crear una comisión con el mismo fin, en coherencia a la preocupación generalizada en  referencia a la juventud.  La respuesta fue una desidia absoluta, con lo que el tema de jóvenes sigue sin tratarse en el barrio. El técnico en su evaluación, conocedor ya de los hechos reflexionaba  a  propósito,  que  si  hubiera  sabido  tal  situación  no  habría planteado las cosas de esa manera y quizás ahora se estaría trabajando con los jóvenes.-.

Donde ya existe un diagnóstico, nuestra propuesta pasa por recuperar ese diagnóstico y convertirlo en un material de trabajo que cumpla la función de definir unos objetivos comunes y colectivos consensuados entre la población. A menudo los diagnósticos realizados en nuestros barrios no tienen una finalidad comunitaria y son poco participativos. Esto suele provocar, que estos documentos acaben en el cajón del despacho de las entidades y/o administraciones y además solo conozcan de su existencia estas cuatro entidades. En consecuencia el diagnóstico no ha generado una organización que permita  iniciar un proceso comunitario.

Para nosotros, el proceso de diagnóstico no está finalizado hasta que no se ha hecho un retorno del material recogido. Esto representa:

• Un trabajo previo de organización y síntesis de la información recogida

• Espacios y momentos de discusión con todas aquellas personas, entidades o instituciones que han ido participando en el proceso de diagnóstico

• Finalmente, unas conclusiones consensuadas, con las prioridades a trabajar en el barrio.

Conseguir esto es un paso muy importante para la dinámica del proceso comunitario. La experiencia nos ha confirmado que, allí donde se ha llevado a cabo este método, se han dando una serie de hechos fundamentales en la consolidación del Plan Comunitario. Estos es, poner en evidencia que con orden y método podemos ponernos de acuerdo y decidir conjuntamente; por ejemplo, la necesidad de un profesional (como mínimo) que paute las líneas metodológicas del proceso, con lo que éste adquiere una legitimidad necesaria para exponer y realizar su trabajo; y finalmente unas líneas de trabajo claras y consensuadas que ayudan a vislumbrar el Plan Comunitario como algo tangible y no solo teórico.

Todo ello, como resultado, provoca legitimar, ante el barrio, el Plan Comunitario como un instrumento válido de construcción y de mejora del territorio. Es visto como un instrumento serio y riguroso que permite avanzar siempre desde la colaboración y el consenso y no des del conflicto y la confrontación. A partir de aquí planteamos que el Plan pase a denominarse Plan de Desarrollo Comunitario ( y no Plan de Dinamización). (2)

Con las conclusiones ya consensuadas y definidas la prioridades, el equipo comunitario propone la creación de grupos de trabajo que afronten los diferentes temas o ámbitos priorizados. La función de estos grupos es la elaboración de los proyectos y actividades que den respuesta a esas demandas o necesidades priorizadas. El trabajo de estos grupos se centra en tres fases o momentos:

1. Discutir y profundizar sobre la información recogida referente al ámbito en el cual se centra el grupo (por ejemplo tercera edad). En este momento es importante recuperar la discusión sobre el tema para concretar de que demandas estamos hablando , cuales son la necesidades especificas a las que nos referimos (si es tercera edad, cuales son las demandas; ¿servicios de proximidad, ocio y tiempo libre, atención sanitaria específica,...?). Esto permite solucionar cuestiones como, que podemos hacer cada uno de nosotros desde nuestra situación, que podemos asumir y que no, y en ese caso a quien le corresponde asumir esa respuesta.

2. Esta discusión nos lleva a establecer sobre que centramos los proyectos. En consecuencia establecemos unos criterios que permitan pautas de como deben ser las propuestas de proyectos, y que proyectos se ciñen al tema y cuales no.

3. Momento ya de proponer los proyectos o actividades. En esta fase ubicaríamos dos subfases; la primera y primordial ver que ya existe en el territorio con respecto al tema consensuado. Valorar de lo existente, que podemos aprovechar a través de su potenciación, a través de la colaboración, del apoyo, de la coordinación,... La segunda, en el caso de no existir nada o de no ser aprovechable (por diversas causas), pensar que proyectos nuevos podemos llevar a cabo.

LOS RECURSOS TÉCNICOS

Hasta ahora toda esta pauta metodologica es planteada desde la óptica del trabajo con la población; es decir como desde nuestra apuesta metodologica, afrontamos el trabajo con las entidades, vecinos y vecinas. Sin embargo somos conscientes de la importancia del trabajo con los servicios y recursos de un territorio. Lo expuesto hasta ahora, no representaba bajo ningún concepto que dejemos de lado a los profesionales técnicos que ejecutan una labor fundamental en los barrios. Seria una grave equivocación, una preocupante incoherencia en nuestra apuesta.

Hasta el momento la participación de los recursos, en algunos barrios, era formar parte de esa comisión, o espacio de encuentro de todo lo referido al Plan de dinamización comunitario. Es decir, en ese misma comisión se encontraban las entidades y los servicios, donde se discutía conjuntamente diferentes aspectos del plan. Con la experiencia hemos observado que este modelo, comporta determinadas contrariedades y contradicciones al mismo proceso del Plan de Desarrollo Comunitario. Básicamente estas contradicciones se centran en dos aspectos:

1. La comisión operativa, con el tiempo, se convierte en un espacio donde los diferentes profesionales de los recursos que participan, pueden llegar a tener más peso que la población y en consecuencia las decisiones del proceso son tomadas por técnicos y no por vecinos. Existe una asistencia regular por parte de los profesionales, cosa que no sucede con los voluntarios de las entidades. Finalmente, estos últimos delegan en los técnicos las decisiones del plan (...” bueno, como ya están ellos”.)

2.  Desde las entidades y vecinos, se exige a los técnicos, un nivel de implicación y de voluntariado al mismo nivel que lo propio de los representantes de las entidades. Además se les hace cómplices de las dinámicas endogámicas de las entidades. Esto supone una dedicación que sobrepasa el horario de trabajo de los profesionales. Finalmente, el profesional del recurso acaba “quemado” y sobre todo muy “rebotado” con todo lo que para él, representa el Plan Comunitario.

Ante esta situación planteamos diferenciar los espacios de trabajo y de participación en el plan comunitario. Uno donde estén las entidades y los vecinos - la comisión operativa pasa a llamarse grupo comunitario -, y otro espacio totalmente técnico donde forman parte todos aquellos recursos y servicios del territorio

Al respecto, nuestra labor se centra en dos niveles. Un primer nivel, mucho más concreto y específico, referido a proyectos de colaboración y trabajo conjunto entre recursos y entidades que, o bien ya existen en el territorio o bien aquellos que desde los grupos de trabajo se han establecido. Nuestro planteamiento es siempre de ayudar, potenciar, colaborar con lo que ya existe en el barrio, nunca imponer una voluntad de sustituir o doblar esfuerzos. Por eso a través de esta estructura organizativa, se potencian y favorecen aquellos canales de comunicación y colaboración ya existentes. Por lo tanto, nunca pretendemos crear un grupo de trabajo sobre un ámbito o tema sí ya existe alguna comisión o plataforma correspondiente. Un segundo nivel, hace referencia a la creación de un espacio exclusivamente técnico, donde se de un referente de trabajo de coordinación y de información mutua entre los recursos del territorio. Esto es lo que llamamos el Comité Técnico.

En este articulo no vamos a entrar sobre que pautas metodológicas nos basamos, ya que en líneas generales se fundamentan en las ya expuestas en otros artículos referidos al trabajo comunitario de los recursos y servicios. Quizás nos gustaría destacar la importancia que en nuestra experiencia, ha comportado el hecho de realizar un encuentro público entre la población y los recursos donde se ha vislumbrado, haciéndose real (pasando de lo puramente informativo a la toma de contacto real ) la evidencia de que todos estamos en el mismo tren, con la misma objetivo de mejorar el barrio y la calidad de vida de sus vecinos y vecinas.

LA FORMACIÓN DEL EQUIPO COMUNITARIO

Como ya se ha planteado en el primer apartado, uno de los aspectos que decidimos reforzar y sobretodo consolidar ha sido el del equipo comunitario. La función del profesional es clave en la construcción de cualquier proceso comunitario. Esta concepción no siempre es entendida, en líneas generales, por el movimiento asociativo, muy arraigado al voluntariado y muy implicado y vinculado al territorio. Esto en ocasiones ha podido comportar una concepción errónea de cual es el papel del técnico comunitario en el proceso. En consecuencia a menudo suelen ocurrir planteamientos como los siguientes.

●Que desde el barrio no se vea necesario el destinar parte del presupuesto en la contratación de un profesional. Así el coste de éste se puede invertir en actividades para el barrio.

●Que el técnico sea una especie de “secretario” para las entidades. Cumpliendo de esta forma, funciones como ocuparse de las inscripciones, cuotas, mailings, infraestructuras, etc...

●Una confusión de rol profesional atribuyéndole exclusivamente una función de animador sociocultural. Esto representa, organizar, preparar, realizar las actividades.

Existe, entonces, una visión de una necesidad de un técnico para que realice aquellas faenas que más dificultades representan a los voluntarios de las asociaciones derivadas de sus propias actividades y funcionamiento (“...que para eso cobra”).

Por otro lado, cabe resaltar que existe un desconocimiento generalizado de que función, perfil o rol debe tener en técnico comunitario. Esta figura es relativamente nueva para todos, con lo que nadie tiene claro cual es exactamente su papel. Este hecho no solamente se da en el ámbito asociativo, sino que se da en otros ámbitos, como en la misma administración y en el ámbito académico universitario. Exceptuando, algunos cursos específicos y algún postgrado, no está formalizada ni consolidada una formación académica específica en el ámbito comunitario, con lo que esto comporta un problema para encontrar profesionales al respecto.

Ante esta situación, desde FAVIBC hemos optado por dar forma a un proceso de formación, centrándola  a dos niveles:

A. Formación académica especifica. A través de cursos, seminarios, charlas, jornadas y congresos. Sin entrar en profundidad en este punto, simplemente resaltar la voluntad de FAVIBC, de organizar esta formación, o bien individualmente, o bien con otras instituciones (administraciones, universidades, etc...).

B. Formación continua con los diferentes técnicos y equipos comunitarios de nuestros Planes Comunitarios. Este aspecto cumple una función doble. Por un lado la formación a partir de la evaluación, reflexión del trabajo diario, y por otro el seguimiento, el acompañamiento y apoyo a la labor del técnico.

Sobre este último punto nos gustaría entrar más en profundidad. Para llevar a cabo esta última formación, existe, desde FAVIBC, un equipo técnico con la función de acompañar y coordinar toda esta labor. Este equipo se reúne periódicamente con los diferentes técnicos de los diferentes barrios para evaluar y discutir, tanto las pautas que marcan cada proceso, como para profundizar sobre el día a día del trabajo del equipo comunitario. En la mayoría de los barrios donde llevamos a cabo Planes Comunitarios, los recursos económicos no permiten mas que la contratación de un solo técnico comunitario. Esto a menudo provoca que estos se encuentren solos para afrontar la marcha del proceso. A la postre, esta situación comporta que este profesional no pueda contrastar su trabajo y no posibilite una visión global de y sobretodo una perspectiva a medio y largo plazo del proceso. En otras palabras, esto provoca que el técnico caiga en la trampa del activismo del día a día, sin tener el momento para reflexionar de cual es el sentido que tienen sus acciones.

Al respecto de este tema, quisiéramos hacer hincapié en la dinámica que establecemos en estos encuentros. La función el equipo de apoyo no es la de un equipo directivo, el cual marca las pautas del trabajo del técnico, si no:

A.     Analizar el momento y lo realizado hasta entonces en el Plan.

B.     Evaluar conjuntamente las diferentes acciones y momento del proceso.

C.     Programar conjuntamente les futuras acciones y pautas a seguir.

Pretendemos con ello que sea el propio técnico el que marque sus líneas de trabajo, tomando conciencia de cual es la situación y cual es su papel en todo lo derivado del proceso. Es decir, que sea el mismo el que madure y establezca cuales son sus funciones y su rol a cada momento del proceso. Los motivos de esta dinámica son obvios. Si el equipo comunitario, tal y como hemos comentado al principio del articulo, debe, con sus acciones, transmitir y crear esa conciencia “política” a la población, ha de planificar todas y cada una de las fases y situaciones del proceso.

Por otro lado, seria incoherente con nuestra apuesta, el dirigir desde una “sede central” desvinculada a la realidad del territorio, un proceso que en definitiva, debe ser construido desde ese mismo territorio. Con lo que, desde un nivel técnico, nadie mejor que el técnico del plan comunitario para saber que es lo que pasa, y lo que debe pasar en el desarrollo del proceso comunitario.

Este modo de acompañamiento, se ve reforzado con los espacios de encuentro que periódicamente, organizamos desde FAVIBC. Estos encuentros tienen la intención de establecer vínculos y relaciones entre los diferentes técnicos comunitarios de los diferentes barrios, para compartir experiencias, vivencias, conocimientos, recursos,...En definitiva, un espacio donde la interacción entre los técnicos posibilite el crecimiento profesional y humano de estos.

Es evidente la importancia, que para nosotros tiene el equipo comunitario. Si el equipo no crece es difícil que el proceso crezca y avance. El técnico comunitario alimenta y debe alimentar el proceso constantemente y tiene que estar preparado para ello. En definitiva, el vehículo que mueve las acciones del equipo comunitario es el mismo proceso comunitario. Haciendo un símil, equiparemos el proceso comunitario a un automóvil, la comunidad y en concreto la población debe conducir este automóvil, y para ello se apunta a un Plan Comunitario (autoescuela) donde el  técnico da pautas (método, organización,...) para saber conducirlo. La población deberá conducirlo hacia la dirección que le convenga, pero el técnico ha de velar para que ese vehículo no se detenga por avería.