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Democracia participativa y transformación social en la globalización Dedicado a la gente de Porto Alegre. En agradecimiento y tributo a su ejemplo y enseñanzas. Javier Navascués Octubre 2007
1. LA “FIEBRE PARTICIPATIVA” En abril de 2007 se reunió en Málaga el grupo de trabajo sobre Presupuestos Participativos y Democracias Participativas del Foro de Autoridades Locales para la Inclusión Social (FAL). En dicho encuentro se aprobó la denominada “Declaración de Málaga” que persigue dar una respuesta a los procesos de banalización de las experiencias de democracia participativa local y se fija como objetivo desarrollar una definición política de dichos procesos desde el punto de vista de su contribución a la transformación social. En Europa en los momentos actuales se produce una auténtica “fiebre participativa” impulsada en muchos casos desde instancias estatales. Lo demuestra, por ejemplo, el que recientemente el gobierno de la Gran Bretaña haya comunicado la decisión de implantar con carácter general los Presupuestos Participativos en todos los gobiernos locales de aquel país. Dado el perfil político del Nuevo Laborismo, la necesidad expresada por el FAL cobra todo su significado. ¿Cómo debe responder la izquierda transformadora a estas propuestas? ¿Qué posibilidades ofrece este impulso hacia la “participación” para una política de transformación social? Los Presupuestos Participativos de Sevilla se ajustan a un modelo concreto, el que podríamos llamar modelo Porto Alegre. Un modelo basado en un compromiso político del gobierno elegido a través de la democracia representativa de ceder poder sobre el presupuesto local a la democracia directa. Es decir, un gobierno que somete la decisión y el control de la ejecución (de una parte, en el caso de Sevilla) del gasto público a una instancia ciudadana autónoma que se rige por procedimientos de democracia universal y directa. Con la perspectiva de cuatro años de experiencia podemos ver el proceso sevillano como una forma de acción colectiva que reclama el derecho a la participación directa de los ciudadanos en las decisiones estatales. Se distingue, por tanto, de las formas tradicionales de intervención política de la izquierda como son la acción meramente reivindicativa o la mediación de los representantes. Es también diferente de propuestas de autogestión social pura, tanto de “desconexión” de las estructuras estatales como de las de gestión comunitaria. Y, desde luego, es diferente a la acción típicamente “revolucionaria”, al asalto directo al Estado en el sentido clásico. ¿Cómo caracterizarla? 2. ¿ESPACIO PÚBLICO OLIGÁRQUICO O ESPACIO PÚBLICO DEMOCRÁTICO? Podríamos definir las experiencias de democracia participativa en las que se interviene directamente en las decisiones tradicionalmente estatales como una intrusión. Es decir, una ruptura en la práctica la división del trabajo político entre representantes y representados. Es esta una división que, como más adelante razonaré, juega un papel muy relevante en la conformación material del propio Estado capitalista. Podemos ver que este intento por desplazar el lugar de la decisión de las instituciones estatales a un espacio público más amplio es una característica de la política en la llamada globalización. Tanto desde el lado del poder como desde las posiciones antagonistas. El ejercicio del poder en la globalización combina los mecanismos formales y jerarquizados de los Estados con otros más flexibles y contingentes a cada caso; consensos, delegaciones, “partenariados”, ... donde los que toman parte no son necesariamente Estados. Esta nueva geometría del poder es, como todos intuimos, algo consustancial a la fase actual del capitalismo globalizado. Por eso ni las simplificaciones que interpretan esta fase en términos de un “superimperialismo” puro y duro ni las abstracciones que se basan en un post-estatismo difuso y omnipresente dan cuenta de la realidad de manera suficiente. La gobernanza neoliberal no prescinde del Estado, simplemente redefine su papel. Este ya no se limita a expresar y reproducir activamente las relaciones de poder dentro de un territorio y un tiempo histórico concreto. Se ve obligado a compartir ámbitos de decisión con unos agentes - cediendo soberanía - y a la vez excluye a otros de las decisiones por las mismas razones - porque ya no es el soberano. Pero en último extremo son decisiones que se imponen gracias al monopolio legítimo de la fuerza del que sigue siendo titular. Estamos por tanto ante una forma más flexible de Estado pero se trata de una flexibilidad asimétrica, dentro de unas matrices siempre cambiantes pero selectivas. Esta selectividad es cuestión de clase, es decir se puede explicar poniéndola en relación con la lógica de los beneficios y las necesidades de la acumulación del capital. El conflicto aparece entre “mercado” y “estado”, pero es un conflicto entre capital y sociedad. Por eso la democracia está en crisis, ya que, como decía Aristóteles, lo que distingue esencialmente a la democracia de la oligarquía es la pobreza y la riqueza. La democracia en el sistema capitalista es la lucha por priorizar la vida y sus necesidades a la lógica de los beneficios y su acumulación. La lucha secular por el sufragio universal desde los tiempos de los gobiernos basados en sistemas censitarios tenía sentido democrático en la medida en que era la misma lucha por imponer la legislación laboral y social en los Estados liberales. No es casual la emergencia sincrónica de las dos formas de acción colectiva democrática características de nuestro tiempo: la movilización de Seattle, contra la OMC, ... y la exigencia de la democracia participativa concreta. Son formas que adopta la lucha democrática en nuestros tiempos. Podemos distinguir, por tanto, entre una esfera pública oligárquica (más allá del Estado pero que incluye al Estado) y una esfera pública (en la que el Estado también puede ocupar un lugar) democrática. La gobernanza neoliberal y la otra “posible”, la democrática. Ambas actúan sobre una esfera pública ampliada más allá de lo estatal pero remitiéndose siempre al Estado. En el primer caso, tenemos de una acción reivindicativa en el sentido tradicional – exigencia al Estado – pero en los nuevos terrenos de la globalización. En el segundo caso hablamos del derecho a participar directamente no sólo en la definición sino también en la administración concreta del interés común. 3. “...NO LIMITARSE A APODERARSE DE LA MAQUINARIA DEL ESTADO ...” Lo que caracteriza al Estado capitalista en todo momento, a pesar de las mutaciones experimentadas por el propio sistema, es que no expresa las relaciones de poder entre las clases sociales y dentro de ellas, entre las diversas fracciones y que además las reproduce materialmente a través de sus propias estructuras. Las palancas del Estado son precisamente los mecanismos que reproducen y refuerzan esas relaciones de poder. Existen dos mecanismos que son característicos de las relaciones de producción capitalista a cuya reproducción contribuye el Estado de forma intensiva y que, desde mi punto de vista, son fundamentales para entender su funcionamiento en relación con los retos que plantea la democracia participativa. El primero de ellos es la individualización, la atomización de los seres humanos. Las relaciones sociales se descomponen a través de la Ley y el Derecho en relaciones entre individuos formalmente iguales con intereses particulares, legítimos en cuanto individuales. Por ejemplo, el Estado reconoce los derechos de los trabajadores asalariados como tales y los de los empresarios como tales pero disociándolos para poder conciliarlos. Sin entrar en que los asalariados son asalariados porque existen los empresarios y al revés. O lo que es lo mismo, sin entrar en la existencia de la explotación. Una vez reconocidos y codificados, son condicionados al interés común cuyo intérprete es el Estado. La autonomía del movimiento democrático es la condición para escapar de las formas y los límites de esta codificación que hace imposible satisfacer realmente los derechos de los de abajo. Por eso la autonomía de los de abajo es la condición de la democracia. La división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual es el otro de los mecanismos que quiero señalar. La diferenciación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual interpretada en un sentido no reduccionista, refleja la homología entre el poder del patrón y el poder del Estado. Homología en la que el papel de la tecnología - potencia social objetivada, trabajo muerto apropiado por el patrón - que somete al trabajo vivo se corresponde con el de la ciencia de la administración, la razón de estado, la separación de poderes, el superior conocimiento del Estado de lo que es el bien público. No se trata de una metáfora sino de una técnica real. Los clásicos del republicanismo burgués, como Madison y el abate Sieyes, razonan abiertamente a favor de la democracia representativa como alternativa de la democracia directa en base a las virtudes de la división del trabajo. Otra cosa son las mixtificaciones que se han ido construyendo posteriormente. La lucha por intervenir directamente en las decisiones es la negación de esa división. Por el contrario, la reproducción de esa división en el movimiento democrático es la negación del objetivo de la propia lucha. Cuando el Partido Laborista británico asume la afirmación de los fabianos de que “el hombre normal sólo puede describir sus males pero no encontrar los remedios” se inflige una autoderrota. Lo mismo ocurre cuando la NEP, a la que se tuvo que recurrir obligados por la situación en la Unión Soviética tras la guerra civil, se convierte en la vía oficial al socialismo. De ahí que no baste con tomar el Estado como ya se dijo hace mucho tiempo. La idea va más lejos de sustituir aparatos. Marx habló de “la reabsorción del poder del Estado por la sociedad como su propia fuerza viviente en lugar de la fuerza que la controla y somete”. De la intrusión de la sociedad en el Estado. Nicos Poulantzas lo formuló con claridad en su último libro: “una transformación del aparato de Estado orientada a la extinción del Estado sólo puede apoyarse en una intervención creciente de las masas populares en el Estado por medio, ciertamente, de sus representaciones sindicales y políticas, pero también por el despliegue de sus iniciativas propias en el seno mismo del Estado.” 4. AUTONOMÍA Y CONOCIMIENTO El valor transformador de las experiencias que se desarrollan en torno a los Presupuestos Participativos estaría, desde mi punto de vista, en relación directa con el grado en que posibilitan primero, la expansión de la autonomía del movimiento democrático; y segundo, la superación de la división del trabajo entre gobernantes y gobernados, división que es esencialmente política. En el caso de Sevilla, y dentro de los límites temporales y de alcance de la experiencia, se pueden identificar con claridad los avances y los conflictos producidos en ambos terrenos. En el terreno de la autonomía hay un primer momento constituyente, en el que se decide poner en marcha un proceso autoregulado. La idea de “autorreglamento”, tomada de Porto Alegre, es básica para este objetivo. Permite enunciar los valores y principios de igualdad y solidaridad que el proceso persigue; define los procedimientos para hacer operativos dichos valores y principios; y, por último, propone un marco de relaciones con el Ayuntamiento que intenta evitar la subalternidad. El mero hecho de la existencia del “autorreglamento” y su puesta en práctica supone un elemento básico para combatir el clientelismo, problema endémico del movimiento asociativo popular que anula su autonomía. Por otra parte, la autorregulación se desarrolla en múltiples detalles como el hecho de que las Asambleas sean dirigidas por los propios ciudadanos o que las infraestructuras y recursos municipales estén disponibles para ser usados por ellos cuando lo precisen. La regulación de las relaciones entre las diversas instancias municipales y las del Presupuesto es clave para la autonomía. Estas relaciones no son simples, puesto que lo que hay detrás es un problema de compartir el poder. Desde el arranque del proceso en el que se planteó una contradicción entre las Juntas Municipales de Distrito y los Presupuestos Participativos sobre la parte del presupuesto municipal que se gestionaba de forma descentralizada hasta la aprobación por parte del Ayuntamiento de una resolución por la que se asumen las determinaciones del “autorreglamento” y se decide someter a ellas la actuación municipal, media todo un proceso de debate y aprendizaje no exento de conflictos. En este proceso se perfilan e incorporan mecanismos que obligan al Ayuntamiento a rendir cuentas y a ejecutar los Presupuestos de acuerdo con los delegados elegidos por las Asambleas. La otra perspectiva es la de la superación de la división del trabajo. El proceso pone en evidencia la división funcional en áreas municipales, destapa el procedimiento administrativo y muestra el programa implícito en el “como se ha hecho siempre” tanto en los contenidos como en los propios procedimientos. Obliga a los gestores públicos a negociar la realización de las propuestas aprobadas con los proponentes lo que valoriza el conocimiento práctico de la gente frente al conocimiento tecnocrático. El propio educador es educado. La capacidad de generar alianzas fortalece la autonomía a la vez que aumenta la capacitación ciudadana. La base territorial de las Asambleas socializa las propuestas sectoriales ganando apoyos e introduciendo debates que sino se quedarían reducidos a los grupos sociales implicados. La creación de instancias deliberativas y la incorporación de técnicos municipales a la elaboración de propuestas hacen que el Ayuntamiento deje de ser el intermediario único para articular las soluciones a las demandas sociales. El proceso además se abre a la investigación de nuevas formas que combaten la especialización: Se acuerda la paridad lo que exige una política del tiempo lo que tiende a facilitar la participación de todos. Se implantan la rotación y la revocabilidad de los delegados para evitar la burocratización. Se produce un acrecentamiento de la ciudadanía: el proceso se abre a los niños, a los inmigrantes con independencia de su situación administrativa, ... Como consecuencia se pone en marcha un proceso de construcción colectiva del conocimiento que capacita técnica y políticamente la autonomía ciudadana fortaleciéndola. En él se fecundan mutuamente el conocimiento práctico y tácito de la experiencia vital con los saberes técnicos de eventuales aliados desde dentro de las estructuras municipales y el conocimiento más intelectualizado. Eso abre nuevas perspectivas y se plantean nuevos retos: ¿cómo se valora un programa o un proyecto público? ¿Cómo se planifica el despliegue territorial de unos servicios que deben ser accesibles para todos? 5. UN APUNTE AL PASO SOBRE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Evidentemente, los avances y posibilidades señalados en los párrafos anteriores son, por su parcialidad y limitación, sólo atisbos de hacia adonde puede llevar un proceso sostenido de práctica consecuente de la democracia participativa. Pero permite vislumbrar también muchos de los retos que un proceso de ese tipo plantea. Uno de los más urgentes es el de los cambios necesarios en los partidos políticos. La voluntad política es una pieza clave para la continuidad y la no desnaturalización de las prácticas participativas. El caso de Sevilla, el de Porto Alegre y muchos otros enseñan la necesidad de un compromiso riguroso y autocrítico desde el lado del gobierno y, por tanto, de los partidos políticos. Los partidos de la izquierda, nacidos del movimiento obrero y democrático de los siglos XIX y XX fueron en su día una parte constituyente del propio movimiento, se asentaban en él e intentaban – y consiguieron – representarlo en y frente al Estado. Pero en este momento histórico se mueven en un terreno híbrido entre el Estado y la sociedad, cuando no han sido absorbidos totalmente por aquel. La democracia participativa les plantea la necesidad de optar por el estatismo o por la autonomía. “La libertad consiste en convertir al Estado de órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella, y las formas de Estado siguen siendo hoy más o menos libres en la medida en que limitan la libertad del Estado”, dijo Marx en la Crítica del Programa de Gotha. Se puede decir más alto pero no más claro. La primera tarea política de los partidos, desde fuera y también desde dentro, es precisamente esa, limitar la “libertad del Estado”. El segundo gran reto de los partidos políticos es no sólo no ser Estado sino tampoco reproducirlo en su interior. Ello nos vuelve de nuevo a la cuestión de la división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Es decir a la radical necesidad de medidas objetivas contra la burocratización y la profesionalización, por la democracia directa interna y en definitiva todos los cambios organizativos y culturales necesarios. El debate viene ya de lejos – desde 1872 – pero la urgencia es inaplazable. El modelo tradicional de partido de izquierdas, convertido hoy día en una sombra de lo que fue, es muy poco compatible con la democracia participativa. Si esto es así ¿qué les quedará a los partidos? La política y la ideología, ... casi nada. La sociedad no es homogénea. Como el Estado, está atravesada por proyectos políticos unas veces simplemente diferentes, otras veces antagónicos. La principal función de los partidos en la democracia participativa es precisamente la politización de la misma. Para evitar que se banalice. 6. CONCLUYENDO ... El valor de las experiencias de democracia participativa para la transformación social está, a mi juicio, en relación con la medida en que sean prácticas de negación de lo viejo y afirmación de lo nuevo. Hemos visto que la difuminación de las fronteras entre el Estado y la sociedad civil es una característica de nuestro tiempo. La compartimentación tradicional de los espacios de decisión público y privado ha ido cambiando como efecto de las luchas democráticas y de las respuestas del poder a esas luchas. El capitalismo está plagado de contradicciones: necesita obreros sumisos y que cobren poco pero consumidores sofisticados y con poder adquisitivo. Tecnologías complejas para someter al trabajo pero trabajadores cualificados para hacerlas funcionar. Leyes, códigos y aparatos para uniformizar a los súbditos al dictado del Leviatán burocrático pero ciudadanos activos y creativos que lo saquen de los atolladeros en que se mete. La democracia participativa, ¿es una técnica de control social o es un proceso de empoderamiento ciudadano? Puede ser ambas cosas. Existen unos mínimos para crear la oportunidad; esos mínimos son la voluntad política y la autonomía suficiente. El resto es la práctica: una práctica de superación de las divisiones, de aprovechamiento mutuo de los conocimientos, de identificación de intereses comunes, de construcción de proyectos colectivos. Sólo la práctica social va haciendo emerger nuevos elementos a través de la extensión consciente de nuevas reglas para la organización de la vida en común. A cooperar sólo se aprende cooperando. El desarrollo de la cooperación planificada para la satisfacción de las necesidades comunes es la base para la ampliación de la esfera de lo común y para el propio desarrollo de las capacidades a medida que la nueva sociedad se desarrolle. ¿Qué otra forma hay para esa cooperación en la satisfacción de las necesidades comunes que no sea la democracia participativa? ¿Qué forma alternativa hay de eludir la burocratización y la especialización? Se podrá argumentar que las pobladísimas y complejas sociedades del siglo XXI no pueden funcionar en asamblea permanente, en una democracia ateniense global. Pero ¿quién propone eso? Lo único que podemos proponer, y ya es bastante, es no reproducir viejos errores y buscar un proceso de superación del Estado como ente separado de la sociedad, de avanzar en la dirección de la sociedad regulada. Un proceso que no caerá del árbol como fruta madura, que requerirá duras luchas para que sea posible construir nuevos modos de organizar la vida en común. Pero un proceso sin el cual no tiene sentido luchar pues es el que alumbrará los seres humanos capaces de imaginar y construir esas nuevas instituciones. |